pudo levantarse. Hacia varios días que le costaba hasta el punto de retrazar más de cinco minutos el reloj de plata, que cada mañana sonaba delicadamente fuerte al lado de su cama. Quitándose de encima aquel acolchado de plumas y deslizando sus fríos pies por aquella alfombra bordo, comenzó a caminar hacia su ventana. El reflejo de un nuevo día traspasaba con furia sus cortinas de seda blanca que opacaban la vista de un mundo. Al lado de ella, un sillón de cuero negro donde descansaban plácidamente unos jeans usados varias veces. Apurado los tomó y bebiendo un café, salió rápidamente a la calle. Caminaba de prisa como si no llegará a su destino. Aunque todavía se preguntaba por qué lo hacía. Qué era lo que impedía disfrutar de cada paso que daba como si fuese el último y pararse en cada vidriera para detallar cada color que se reflejaba en los vidrios recién limpiados por sus dueños. Un hombro quedó atrasado en la marcha apurada, cuando una mujer lo empujó sin tomarse el instante de darse cuenta de su acto y decidir seguir pensando por unos minutos más, como hacer feliz a su hijo enfermo.
Su celular no dejaba de sonar. Un solicitante agendado desde toda la vida pedía al ritmo de una melodía lenta que le prestara un minuto de su tiempo. Él seguía pensando que ya no tenía sentido frenar.
Su pulso empezó a aumentar, sus manos a traspirar y sus ojos verdes cristalizados por una angustia que un día llegó para quedarse. Caminó ahora más despacio por una calle estrecha hasta llegar a una gran entrada de un edificio que resaltaba en la cuadra. A paso lento intentó entrar sin ser percibido, o de la forma más mínima. Su intención no era guardar en su memoria aquella tarde soleada en Azul. En la mano, un rosario de cristales tan preciosos que podían hacer llorar a cada niño que rezara con él. Su celular ahora callado comenzó a dejar de tomar protagonismo para él y así lo guardó en su bolsillo, para tomar el rosario ahora su lugar. Sintió que su corazón se saldría de lugar cuando tomó aquel ascensor decorado con adornos de cobre puro. Solo en un elevador, recordaba como películas cada momento de su vida y nudos de llanto en la garganta se asomaban como gotas de lluvia una tarde tormentosa. Nada tenia sentido en su vida más que aquel día. Las puertas del elevador se abrieron como obligándolo a bajar, cuando frente a él no había mas que un piso vació y desierto de gente. Sólo cristales que servían como paredes eran su compañía. Comenzó a caminar lenta y nerviosamente hasta la puerta del final del camino. Tomando el picaporte con sus manos temblorosas abrió la puerta a su nuevo mundo y el sol pegándole en su rostro le dio la sensación de paz, perdida hacía ya mucho tiempo. Una serie de pasos sin rumbo lo movían en aquel lugar. Iba y venia de un extremo a otro tomando de nuevo la decisión que planeó durante un mes. De pronto volvió a sonar. Su celular vibró fuertemente como diciéndole que se detenga. Sin pensar por qué, lo tomó por primera vez en el día y atendió. Mientras tanto subía a una medianera que serviría de último piso. La brisa corría como un leve viento por su rostro de porcelana blanca, sus ojos cubiertos de lágrimas daban la imagen más impresionante de su vida. Y cuando tomó la decisión escuchó al mismo tiempo una voz femenina del otro lado del teléfono… “se recuperará amor… Se recuperará”. Pero no respondió a está reflexión… Soltó el teléfono, cayendo éste como lluvia furiosa hacia el piso. Instantes después, él caía de la misma forma desde un piso 20 de un elegante edificio de la ciudad.
Tres cuadras alejadas del accidente, una mujer lo esperaba en un café. Le daría la noticia de que su hijo respondió de forma muy favorable al tratamiento de leucemia que hacía un mes solo le daría la noticia de que era terminal. Pero jamás imaginó que el choque con su marido por la avenida iba a ser su último instante juntos. Él la había visto pero no tuvo la valentía para decirle que le había chocado el hombro. Ella en cambio no pensó más que en su hijo… y en 10 minutos, cuando su celular suene de nuevo… no pensará más que en la muerte de su marido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario