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jueves, 13 de enero de 2011

LA RUTA DEL NARCOTRAFICO



Un narcotraficante se destaca por ser un hombre relativamente joven, en muchos casos con poca educación formal y proveniente de esferas no muy privilegias. Rozan en edades de entre 18 y 50 años, siendo generalmente hombres. Muchos de ellos tienen poca o nada de educación escolar. Finalmente lo que los convierte en lo que son, creadores de una industria ilegal que mata a ciento de millones de personas al año, proviene de las aspiraciones económicas que tienen, las cuales son más altas que la misma legalidad.

La droga puede ser escondida en valijas de supuesta porcelana, en tapizados de muebles, a veces oculta en depósitos de plomo o en el sistema hidráulico de los frenos de un camión. Muchas veces usan la droga para fabricar las plantillas que irán dentro de las zapatillas deportivas, o rellenan frutas exóticas. Pueden incluirlas en molinos de viento o juguetes, en colchones inflables o simplemente mezclada con cacao. Así se maneja la mayor industria ilegal del mundo: el narcotráfico. Se calcula que recaudan 470 mil millones de euros por año, los narcotraficantes (vendedores) mas poderosos del mundo, mientras que el agricultor que la produce obtiene menos del 1% de las ventas.

Y al hablar de los trasportes, aparece en escena la participación de las protagonistas: “las mulas”. Éstas se caracterizan por ser personas de bajos recursos, generalmente mujeres, siempre individuos sin antecedentes que no sean llamativos para la seguridad del lugar. Atraídas por las falsas promesas de los dirigentes narcotraficantes, usan su cuerpo para trasportar de un sitio a otro gran cantidad de pequeñas capsulas con cocaína u otras sustancias compuestas por droga. Suelen tragárselas para llevarlas en el interior del organismo y no ser detectadas por la seguridad de aeropuertos o estaciones de ómnibus.

Generalmente trabajan en viajes de entre 12 a 15 horas de vuelo en aviones, causa por la cual los jefes narcos obligan a las mulas a consumir medicamentos que retardan los movimientos digestivos del estómago y que actúan como tranquilizantes. Así mismo le brindan bolsas para escupir la comida y poder evitar la mirada de las azafatas, que en muchas ocasiones son las que denuncian cuando los pasajeros no comen, para evitar estos tráficos de droga.

Pero el problema surge en el momento en que se carga el cuerpo con la cantidad de droga a trasportar. Un ser humano puede soportar hasta un kilo y medio de contenido de este tipo, luego rebalsa y peligra su vida. Así también el organismo soporta en su interior la materia por un plazo de uno a dos días máximo, luego el peligro de muerte aumenta drásticamente ya que los jugos gástricos del estómago comienzan a funcionar normalmente, ocasionando la ruptura de las cápsulas que trasportan la sustancia ilegal.

Más adelante, una vez ingresada la droga se ramifica la cantidad de formas de hacerla llegar a sus consumidores. Entre ellas podemos encontrar empresas que están inscripta con cierta actividad, como ha sucedido con una compañía colombiana llamada "Mudanza y Acarreo Express", que trabajaba con vehículos de trasporte pero que en vez de mudanzas sólo trasportaba cocaína a sus clientes. Así mismo encontramos los llamativos infiltrados en grupos escolares de adolescentes y niños, que llevan la venta de la droga a las puertas o cercanías de los colegios. Y si hablamos de niños, encontramos también aquellos que son obligados por sus padres a ser los vendedores y quedar como la cara de aquella mini compañía autónoma y particular. Con éste caso se relaciona la venta por parte de mujeres generalmente embarazadas que venden desde su casa en villas de emergencia o barrios carenciados. Sumamos a esto los presos que manejan la venta desde el interior de las cárceles del mundo y los encargados de locales que manejan con sus clientes habituales, también la venta de estas sustancias en lugares que van desde carnicerías hasta Pub.

Pero finalmente el más destacado de ellos es la venta por Internet. Ya que hoy en día los narcotraficantes se mueven a tal magnitud, que trabajan con envío a domicilio desde cualquier parte del mundo, tan solo presentando los datos de tarjetas de crédito que deducen los gastos sin quedar rastros algunos.

Estas organizaciones son tan poderosas que corrompen a funcionarios y jueces, tienen sus propios grupos para militares, desestabilizan a gobiernos enteros e, incluso, se alían con movimientos guerrilleros para mantener su actividad y evitar la entrada de los gobiernos en los territorios bajo su control. El mundo entero, es su mejor ejemplo.

Foto: morgue de la ciudad de Bogotá, Colombia. Victimas del Narcotráfico.

viernes, 7 de enero de 2011

Destino Inesperado

Cuando el sol decidió asomarse, él pudo levantarse. Hacia varios días que le costaba hasta el punto de retrazar más de cinco minutos el reloj de plata, que cada mañana sonaba delicadamente fuerte al lado de su cama. Quitándose de encima aquel acolchado de plumas y deslizando sus fríos pies por aquella alfombra bordo, comenzó a caminar hacia su ventana. El reflejo de un nuevo día traspasaba con furia sus cortinas de seda blanca que opacaban la vista de un mundo. Al lado de ella, un sillón de cuero negro donde descansaban plácidamente unos jeans usados varias veces. Apurado los tomó y bebiendo un café, salió rápidamente a la calle. Caminaba de prisa como si no llegará a su destino. Aunque todavía se preguntaba por qué lo hacía. Qué era lo que impedía disfrutar de cada paso que daba como si fuese el último y pararse en cada vidriera para detallar cada color que se reflejaba en los vidrios recién limpiados por sus dueños.

Un hombro quedó atrasado en la marcha apurada, cuando una mujer lo empujó sin tomarse el instante de darse cuenta de su acto y decidir seguir pensando por unos minutos más, como hacer feliz a su hijo enfermo.

Su celular no dejaba de sonar. Un solicitante agendado desde toda la vida pedía al ritmo de una melodía lenta que le prestara un minuto de su tiempo. Él seguía pensando que ya no tenía sentido frenar.

Su pulso empezó a aumentar, sus manos a traspirar y sus ojos verdes cristalizados por una angustia que un día llegó para quedarse. Caminó ahora más despacio por una calle estrecha hasta llegar a una gran entrada de un edificio que resaltaba en la cuadra. A paso lento intentó entrar sin ser percibido, o de la forma más mínima. Su intención no era guardar en su memoria aquella tarde soleada en Azul. En la mano, un rosario de cristales tan preciosos que podían hacer llorar a cada niño que rezara con él. Su celular ahora callado comenzó a dejar de tomar protagonismo para él y así lo guardó en su bolsillo, para tomar el rosario ahora su lugar. Sintió que su corazón se saldría de lugar cuando tomó aquel ascensor decorado con adornos de cobre puro. Solo en un elevador, recordaba como películas cada momento de su vida y nudos de llanto en la garganta se asomaban como gotas de lluvia una tarde tormentosa. Nada tenia sentido en su vida más que aquel día. Las puertas del elevador se abrieron como obligándolo a bajar, cuando frente a él no había mas que un piso vació y desierto de gente. Sólo cristales que servían como paredes eran su compañía. Comenzó a caminar lenta y nerviosamente hasta la puerta del final del camino. Tomando el picaporte con sus manos temblorosas abrió la puerta a su nuevo mundo y el sol pegándole en su rostro le dio la sensación de paz, perdida hacía ya mucho tiempo. Una serie de pasos sin rumbo lo movían en aquel lugar. Iba y venia de un extremo a otro tomando de nuevo la decisión que planeó durante un mes. De pronto volvió a sonar. Su celular vibró fuertemente como diciéndole que se detenga. Sin pensar por qué, lo tomó por primera vez en el día y atendió. Mientras tanto subía a una medianera que serviría de último piso. La brisa corría como un leve viento por su rostro de porcelana blanca, sus ojos cubiertos de lágrimas daban la imagen más impresionante de su vida. Y cuando tomó la decisión escuchó al mismo tiempo una voz femenina del otro lado del teléfono… “se recuperará amor… Se recuperará”. Pero no respondió a está reflexión… Soltó el teléfono, cayendo éste como lluvia furiosa hacia el piso. Instantes después, él caía de la misma forma desde un piso 20 de un elegante edificio de la ciudad.

Tres cuadras alejadas del accidente, una mujer lo esperaba en un café. Le daría la noticia de que su hijo respondió de forma muy favorable al tratamiento de leucemia que hacía un mes solo le daría la noticia de que era terminal. Pero jamás imaginó que el choque con su marido por la avenida iba a ser su último instante juntos. Él la había visto pero no tuvo la valentía para decirle que le había chocado el hombro. Ella en cambio no pensó más que en su hijo… y en 10 minutos, cuando su celular suene de nuevo… no pensará más que en la muerte de su marido.