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domingo, 31 de octubre de 2010

Néstor, el último viaje

Una noche sorprendió a su casa en la ciudad de El Calafate, donde Néstor Kirchner descansaba de unas anginas que se habían apoderado de su salud. Los médicos le habían dicho que su estrés, era resultado de una carrera política que no quería abandonar. Néstor ya no escuchaba a los médicos y a pesar de haber cambios en el equipo de facultativo que lo acompañaba, no modificó rutinas ni excesos.

Fue así como la madrugada del 27 de octubre de 2010, mientras compartía una reunión en su casa de la Villa Santacruceña, sus debilidades empezaron a salir a flote, sus miedos a crecer y los gritos de dolor le siguieron a este. “Cristina no me siento muy bien, no se que me pasa…” fueron palabras de una última conversación que tubo con su esposa a esas horas. Minutos más tarde estaría sufriendo el primer paro cardiorrespiratorio que empezaría a contar los minutos de su vida. Pero cuando pensó que era una simple prueba de fortaleza, a las pocas horas de recuperarse, un nuevo paro no traumático que no respondió a las maniobras de resucitación básica y avanzada, le quitó la vida para siempre. Sus médicos Luis Buonomo y Benito Alen González hicieron lo posible por mantenerle el pulso obligándolo a quedarse con ellos, su mujer tomándole la mano no dejaba de llorar y le pedía no la deje sola. Pero no fue suficiente, siendo las 9.15hs finalmente abandonó esta vida para descansar en paz.

A los 60 años con dos hijos Florencia y Máximo, el ex presidente de la Nación había tenido dos episodios en el último año que lo había obligado a internaciones de urgencia. La primera fue en febrero, cuando fue operado de la carótida. Y el 11 de septiembre último tubo que ser sometido a una angioplastia donde le colocaron un stent.

La muerte del líder oficialista y esposo de la presidente de la Nación Cristina Fernández de Kirchner, provocó una conmoción increíble en los ambientes políticos, económicos y sociales, pese a que ya no ocupaba el sillón presidencial. Compañeros de política como el ministro del Interior, Florencia Randazzo dijo a la prensa: "Dejó todo por sus sueños, fue un compañero que dejó todo por sus convicciones, las que le devolvieron la dignidad a la política". Y hasta los compatriotas que un día se unieron para luego separarse de sus ideas, dieron sus palabras de pésame como fue el vicepresidente de la Nación Julio Cobos, quien declaró "Murió quien fuera un gran presidente de la Nación". A nivel internacional la confirmación de mandatarios extranjeros dieron el viernes 29 de octubre de 2010 la presencia y apoyo a la Presidente, como hicieron el jefe de Estado de Uruguay, José Mujica y su par de Chile, Sebastián Piñera y mandatarios de Venezuela, Hugo Chávez y de Ecuador, Rafael Correa.

En una ceremonia íntima inicial, su esposa hijos, familiares, conocidos y amigos más cercanos tuvieron la posibilidad de despedirse en la provincia de Santa Cruz, de su querido compañero de vida. Un velatorio a cajón abierto les dio la posibilidad de cerrar un circulo de vida que dejó en el pasado la historia de aquel hombre con ideologías que muchos siguen y bastantes critican a diario. Las intimidades de esa despedida privada fueron negadas a la prensa. Pero así mismo el inicio de la misma fue demorado por la espera de la llegada de su hija menor Florencia, quien se enteró de la noticia mientras estudiaba Cine en New York. Siendo las 20hs se dio por finalizada la ceremonia y en un avión oficial de la Nación, los restos del ex presidente y sus familiares fueron trasladados a Capital Federal.

Pasadas las 10 horas del jueves 28 de octubre, se abrieron las puertas de la Casa Rosada donde miles y miles de personas comenzaron a desfilar para poder despedirse de su líder, mientras su familia y mandatarios se encontraban en la otra punta del cajón como si aguardasen a que terminara. Afuera el escenario eran cientos de personas que traían banderas, que gritaban y cantaban, muchas lloraban como si fuera el fin del mundo, como si acabara. Inflables con la imagen de Cristina flotaban en el aire dando señal desde cuadras lejanas. A mitad de Plaza de Mayo una barrera de vayas separaba el territorio para mantener el orden. Sobre ellas miles de papeles, carteles, flores y palabras de rencor, aliento y tristeza mostraban el estado de ánimo de los presentes. Llegando a la otra punta de la plaza más vayas aparecían. Cuadras y cuadras de cola que las rodeaban formaban la fila que les daría la oportunidad de entrar a despedir a Néstor. Un total de 23 cuadras en forma espiralada la formaban. A sus alrededores, vendedores ambulantes manejaban dinero con recuerdos y banderas que vendían si no les aceptaban las flores ofrecidas en un principio. La desesperación de sacar fotos, nos obligó a los fotógrafos a subirnos a vayas para tomar la imagen de una multitud llorando que avanzaba lentamente. Desde arriba se podía observar la cantidad de agresiones a edificios de sus alrededores. Pintadas con aerosol era la especialidad del día. La Catedral, el Cabildo y las calles aledañas todas marcadas con leyendas que obligarán más tarde a ser cubrirlas con pintura.

Finalmente llegó el último día ceremonial. El 29 de octubre de 2010, pasadas las 13.15hs, el servicio fúnebre partió desde la Casa Rosada y llegó a las 14.25hs al Aeroparque Metropolitano. En el trayecto los argentinos siguieron por la Av. 9 de Julio la caravana, periodistas asomados por las ventanas de sus trabajos pudimos tomar la libertad de sacar fotos y presenciar la ceremonia desde arriba. El mundo siguió trabajando y mientras tanto, muchos seguidores continuaron a paso lento, junto al auto por la avenida de Buenos Aires. Una lluvia pertinaz, sirvió de clima para despedirlo junto a la Fanfarria Alto Perú del Regimiento de Granaderos a Caballo, que ejecutó la Marcha Fúnebre de Chopin, la Diana de Gloria y la Marcha de San Lorenzo. El techo del auto que lo trasladaba estaba cubierto de carteles, flores y manos que no lo soltaban.

Una vez arribado desde Aeroparque comenzó su último vuelo en avión para decender a las 17.30hs en Río Gallegos, donde esperaban el gobernador de Santa Cruz, Daniel Peralta y el presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Las puertas se abrieron, sus ocupantes bajaron y quedando frente a una rampa que bajaría el ataúd con los restos, Cristina observó parte de los últimos momentos junto a su esposo, mientras su hijo Máximo la abrazaba continuamente. Un viento interminable puso un ambiente de tristeza en la cara de todos ellos y el llanto de su mujer fue la escena más conmovedora de la historia. Con lentes oscuros siempre mostrando su fortaleza, no pudo soportar la situación y se quebró desconsolada en los brazos de su hijo. Primera vez que lloraba en público de esa forma. Un protocolo rompió con la fortaleza de la mujer.

Finalmente luego de una caravana que duró demasiado, llegó al cementerio de la Ciudad a las 20.30hs, donde descansará en una bóveda familiar. Ahora su mundo se reducirá a un espacio de cuatro metros por cuatro, donde lo acompañará en la eternidad, los restos de su difunto abuelo Karl Kirchner.

sábado, 23 de octubre de 2010

Recordando Sensaciones Olvidadas

Y cómo pedir que aquella tarde llena de estrellas que cubrían el negro cielo, obliguen a la mujercita a olvidar la melodía que tiempos antes sonaba noche a noche en aquel tocadiscos. Sabía perfectamente que esas risas pertenecían a un recuerdo que ya no era presente, que se iba borrando de apoco de la historia que cada noche en su balcón recordaba con melancolía. Esos colores de viejos vestidos se iban destiñendo de apoco, hasta caer bajo la imaginación de ser todos iguales, todos colores hermosos pero indistinguibles. No lloraba, ni estaba triste. No reía, ni estaba feliz. Simplemente pensaba. Recordaba. Volvía a esa vieja situación donde aquel hombre calmado y con una sonrisa paciente escuchaba cada palabra que salía de su boca, y con un movimiento un poco brusco y dulce asentaba cada malestar que sentía ella soltar y librar en cada sílaba que repetía. De pronto un suspiro que acaba con la melancolía y vuelve de nuevo a la depresión. Una distracción que la hizo caer como una roca, a su nube desplomada de soledad constante. Una burbuja era ahora su mundo. Sus manos frías tenían poca sensación pero no suficiente para quitarle la posibilidad de saber que su esmalte estaba intacto. Un soplo de brisa como olas que quitan el aliento, rozaban sus brazos de vez en cuando. Eran instantes en que un reflejo volvía a distraerla, caras desconocidas que empezaban a molestarla. No tenía noción del tiempo. No le importaba los segundos que pasaban. Pensaba en las cosas que jamás pudo hacer, las que hizo y las que jamás se animó. Se reprochaba las que hizo mal, las que no tuvo el valor de enfrentarlas y sufría con las que se habían acabado. Sus pies ya no se movían. Ya no caminaban las largas cuadras para sus estudios. Y los recuerdos entonces volvían. Una serie de emocionantes tardes obligaban en aquellos años a crear maquetas de sueños y proyectos esperados que algún día cumpliría mas tarde. Hombres que conocía durante su juventud. Noviazgos que rompieron su corazón, o simplemente hicieron doler hasta tener esas sensaciones que deseo en algún momento las viva otra persona con ella. Creía que tenía el mundo a sus pies, conquistándolo hasta que su felicidad sea el objetivo de su nacimiento. Inviernos que no fueron tan fríos, hojas que se enfrentaron a duros otoños que obligaban a desprenderlas de sauces ya crecidos. Y de pronto algo frío toco su pecho. Veía pero no entendía por que lo hacían, por que la lastimaban. Porqué la presión, porqué el apuro. Rincones de ruidos llenos de velocidad que asustaban a cualquier persona que la veía pasar. Alguien estaría pensando en ella capas. O simplemente volvía a estar sola hasta en ese momento. Porque en algún momento hubiese parado sobre esa avenida, a entrar al local a almorzar. Ya no tenía tiempo, contaban los segundos como si fueran pétalos que van cayendo de las rosas alzadas en una boda. Una pobre sombra que se movía de atrás para adelante, una silueta que parecía volar por aquel rincón. La sensación de helades ya parecía ser algo constante y poco molesto. De pronto un grito de llantos de bebes volvía a su cabeza. Dolores agobiantes hacían recordar momentos de aquel hermoso nacimiento de un ángel ahora crecido que la acompañaba. Sonreía sin saber porqué, cuando la miró con esperanza aquella tarde. Ahora sus risas iban por el camino de una cuadra deambulada por melodías de risas y juguetes que angelitos soltaban cuando la veían. Abrazos, caricias, mimos, besos, parpadeares, momentos intactos, olores, imágenes fotográficas, se iban incorporando en ella como la sangre que corría esperanzadamente cada segundo. Y cuando parecía todo ser perfecto, mejoró aún. El dolor se fue. Volvió a ver con claridad y sonrió como nunca antes lo hubiese hecho y agradeció por cada momento que pudo presenciar. Sintió unas manos que la levantaban en brazos para darle aquel abrazó mas dulce que jamás podría experimentarse. Y mientras se elevaba y los llantos aumentaban podía observar la hermosa vida que creó y que hoy dejó atrás, o mejor dicho allá abajo. En aquella ambulancia que se detuvo en la puerta del sanatorio. Que dejó de sonar como una calesita que espera su sortija. Solo las luces mas maravillosas ocuparon el ambiente, y los brazos de sus tres hijos la abrazaron por minutos interminables que sentirá el resto de su eternidad. Afuera el mundo que una tarde dejó, que verá y cuidará hasta que deje de existir… Algún día como ella lo hace ahora.