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viernes, 27 de agosto de 2010

El reflejo de esos futuros periodistas


Un aula con aproximadamente 16 alumnos, bajo un clima ya de cansancio cubrió un recital de poesía improvisado por una profesora que escuchaba a un costado. Poemas de diversos tipos que movían el sentimiento de una chica sentada en la punta de una fila. No había un sentido de la lectura. Este se iba describiendo paso a paso, letra a letra que mediante una sintonía de silabas cada alumno iba relatando.
Poemas de amor para los más románticos, otros de miedo y angustia para aquellos que querían expresar algo y poemas medios morbosos para ellos que querían experimentar algo nuevo. La sala se llenaba de silencio absoluto cuando cada uno leía. Como si miraran a la nada esperando que su imaginación flote al compás de las palabras. Alguno repicaba los dedos sobre un cuaderno, otro simplemente miraba al piso. Pero nadie hablaba. Risas de contrabando por debajo de una sonrisa saltaban de vez en cuando, en momentos que algo les recordaba a un pasado vivido. Caras de asombro cuando escuchaban algo irónico que por ser de un escritor conocido era justificado. No faltaba uno que otro que se distraía con el abrir y cerrar de la puerta si alguien salía, pero enseguida se volvía a sumergir en ese mundo desconocido y llamativo.
El reloj contaba sus horas sin que nadie le prestase atención. Se puede decir que muy pocos lo habrán mirado en esa hora veinte que estuvo presente y escondido. “Quién quiere leer el suyo” se escuchaba de vez en cuando de aquella esquina que dirigía y sólo un valiente después de varios segundos, terminaba por levantar su mano temblorosa y haciéndose cargo de la atención. Sillones azules llenaban un ambiente que tenía su vista directo a un estudio de radio. A su alrededor vidas y situaciones que cada uno invocaba con sus palabras y pensamientos. Por que cada poema aplicó una sonrisa, un recuerdo y una sensación que iba cambiando según la persona que leía. Protestas de negación aparecían de repente y eran calladas por otras alabanzas a un texto escrito por su lector. Incentivos a descubrir autores pedían a gritos por momentos, hacer hablar a otro de los alumnos.
¿Y el fin? Es esta mini crónica que fue describiendo cada situación vivida en esa clase que lleno de pensamientos, opiniones y puntos de vista a una comisión que en año y medio se recibirá en futuros periodistas que tendrán que enfrentar por sí mismos la dificultad de trasmitir cada sentimiento a las personas que ese día no estuvieron con ellos.

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